martes, 1 de mayo de 2012

LA TITULARIDAD DE LAS RELACIONES


¿Por qué siempre surge la necesidad de etiquetar a las personas con las que compartimos regularmente?... En una conversación entre amigos nació esta inquietud, luego de repasar una larga lista de denominaciones existentes en el mercado: conocidos (as), compas, amigos (as), amigos (as) con "derecho", mejores amigos (os), parejas, novios (as), tinieblos, esposos (as), amantes, los del rato, etc…

En fin, la variedad de términos surge según las generaciones y culturas, pero lo que siempre parece trascender es esa necesidad de encasillar a la persona con la que sales, o con la que te ven repetidamente.

“¿Ustedes qué son?”, por lo general pregunta la gente. Y muchos podrían responder: “¡no seas tan vino (a)!, ¡a vos qué te importa!”; pero la verdad es que tarde o temprano una también cae en la trampa y con cierta pena morbosa termina preguntándole a algún amigo o amiga lo mismo.

Uno de los que debatía el tema conmigo en el “chino satánico”, al calor de unos camarones con huevo, decía que eran las mujeres las que tenían la necesidad de agregarle títulos a sus relaciones. Yo discrepé enérgicamente al principio, pero luego de un rato de reflexión me quedó la duda: “¿será cierto?”…

Los argumentos dieron para extender una bonita conversación de viernes por la noche, justo lo que necesitaba para bajar la guardia de una cansada semana de mucho trabajo, y también me hizo pensar en otra posibilidad al respecto de la titularidad: “¿será que cuando le agregamos títulos a nuestras relaciones empiezan los problemas y roces, pues esto hace que se asuman ciertas ‘obligaciones’ y ‘responsabilidades’ que a la larga sucumben con la parte bonita de estar con alguien?”…

… No sé, lo extraño es que muchas veces encontramos parejas que viven juntas y mantienen una relación estable y, hasta cierto punto, envidiable por muchos años, pero tardan en firmar su “matrimonio” para que las tensiones visiten sus hogares, socaven la magia que los unía antes del “papel” y, finalmente, terminen separándose.

Me gustó el tema para debatir. Creo que es algo que muchos llevamos interiorizado y cada quien categoriza, de forma silenciosa, a las personas que están a su alrededor, aunque no siempre se comparten esas escalas de forma pública.

Katmarce—


PD: Mis amigas de Quino me ayudan a ilustrar esta entrada.


domingo, 15 de abril de 2012

TARDES DEL AYER


Foto tomada de liliessparrowsandgrass.com
Había sido un día soleado de esos que hacen rechinar los caminos de polvo.  La casa de adobe ya se estaba empezando a refrescar.  En su patio posterior había una pila de cemento, grande, con tres bateas, la del medio alojaba una buena cantidad de agua y las dos de los lados se usaban para lavar ropa y platos indistintamente. Frente a esta pila, se extendía una frondosa planta conocida como “pavón”, de grandes hojas y flores rojas; prácticamente se había convertido en un arbusto alto y tupido, lleno de bifurcaciones y vertientes producto de sus robustas ramas.

Mientras el sol empezaba su retirada silenciosa, las gallinas se iban arrimando a este arbusto dominante, en busca del mejor lugar para su reposo.  Algunas tenían más plumaje que otras, lo que las hacía lucir gorditas y acolchadas como los capullos de algodón que cuelgan de sus botones recién abiertos.

El ritual se repetía una y otra vez, todos los días, a la misma hora.  Las emplumadas tomaban su posición, a falta de espacio en el gallinero, mientras su fuerte cacareo se iba acallando, tal y como lo hace una audiencia bulliciosa que se acomoda para disfrutar de un espectáculo en el teatro.

Poco tiempo después, justo cuando el sol  terminaba de despedirse, las gallinas se acurrucaban unas contra otras, consumían sus picos en sus ropajes y se dejaban llevar por sus sueños simples y ligeros que terminaban cuando apenas empezaba a aclarar el día siguiente.  La luz instalada sobre la pila del patio iluminaba de rebote estos extensos dormitorios improvisados adornados por plumas de tonos otoñales y patas con garras fuertemente aferradas a las ramas del arbusto.

Como si fuera hoy, esta estampa proveniente de aquellos días de infancia aún vive en mi memoria, con la calidez de un recuerdo que nunca morirá y la felicidad que se escondía en la simplicidad de una vida llena de deliciosos instantes de cotidianidad.

Katmarce—

domingo, 1 de abril de 2012

CARTONCITOS Y FICHAS IMPRESAS CON NUESTRA HISTORIA


El producto "escogido" era al que se le había
retirado el grano verde, a mano.
Foto facilitada por Carlos Chacón
www.carloschacon.net
Que un trozo de cartón o una simple ficha tengan un valor histórico por su travesía en el tiempo… Eso es lo que aprendí hace unos días, gracias a las coincidencias de la vida que me llevaron a la casa de Doña Elisa Carazo de Flores, una reconocida coleccionista de “boletas de café”.

Para los novatos en este tema, como yo, las dichosas boletas eran una especie de moneda privada usada por los finqueros, en Costa Rica, a partir de 1840, para pagar a los "cogedores" de café de aquel entonces.

Algunos documentos explican que esta práctica inició debido a la escasez de dinero en aquellos días, además, me imagino la dificultad para transportar “fuertes” cantidades de efectivo sin el servicio apropiado de transporte de valores…

Fue así como ésta se convirtió en una sencilla forma para pagarle diariamente a los trabajadores, según la medida de lo que recolectaban: por cajuelas, medias cajuelas, quintales, etc. Luego, al final de la semana, estas fichas y cartones eran cambiados por dinero o especies, dependiendo de la práctica de cada quien.

De regreso a mi encuentro con Doña Elisa, a ella la conocí en su casa de toda la vida, primeramente propiedad de sus padres, y la que aún se ubica en un barrio tradicional en pleno centro de San José.  Con la calidez que da el paso del tiempo, esta simpática señora de 84 años me abrió las gavetas de su asidua afición de más de 22 años (y contando).

Parecen simples fichas, pero en realidad son grandes
tesoros para coleccionistas.
Allí encontré cartoncitos algo desaliñados producto de múltiples intercambios, fichas de bronce, cobre, latón, aluminio, baquelita y plástico; todo esto a disposición de mis curiosos ojos.  La mayoría de los objetos tenían impresas insignias propias de los dueños de esas grandes extensiones de tierra, ahora única prueba de su procedencia.  Lo más interesante es que, en la mayoría de los casos, se trata de fincas sepultadas por la modernidad de las ciudades.

Mientras escudriñaba entre tantas “boletas”, mi imaginación aprovechaba para viajar a esos lugares que Doña Elisa describía y a aquellos días donde mis abuelos y los parientes de muchos “sudaron la gota gorda”, de sol a sol, para llevar la comida a sus hogares y, de esta manera, mover una pequeña economía que apenas empezaba a gatear, como lo hacen los niños que ya están pronto a dar su primer gran paso hacia la madurez de su existencia...

Katmarce--

jueves, 15 de marzo de 2012

MARYLIN MONROE: UN CORAZÓN INSATISFECHO


Hace unos días tuve el placer de disfrutar “My week with Marilyn”, una de las películas mencionadas en la reciente premiación de los Oscar por la actuación de Michelle Williams, quien estuvo nominada como mejor actriz y a quien conocí como la chica problemática en Dawson’s Creek (supongo que el bloguero crítico de TV, Sergio, la recordará ahí igual que yo)… ¿Quién iba a decir que llegaría tan lejos?...

No voy a profundizar en temas técnicos de la película, ese campo se lo dejo al Sr. Venegas; aunque solo diré que el producto final me pareció bastante agradable. Una historia liviana, entretenida, bien contada y con actuaciones convincentes, aunque nada espectaculares (punto y aparte podría ser el caso de Williams)…

…  Y digo “podría ser” porque me parece que hacer el papel de Marilyn no tiene mucha ciencia aún con los conflictos personales que le aquejaban al personaje (tal y como lo comentaba con Carlos, otro de mis amigos blogueros).  Es decir, si comparamos esta actuación con la de Meryl Streep (en "Iron Lady"), además de ver la diferencia histriónica, encontramos una dificultad y diferencia importantes entre uno y otro papel (y si no están de acuerdo conmigo, los invito a que pasen al Submarino, se sirvan un cafecito y debatan un rato).

En fin… Además de compartir esa percepción personal de la película, también quiero mencionar otro tema más de fondo. Se trata del amargo de boca que me quedó al ver cómo una mujer tan bella y tan querida, al punto que se pudo jactar de tener a todo un país bajo sus pies, sufriera tanto y no encontrara la paz y el amor que ella anhelaba.

Al menos eso es lo que deduzco de este relato de un pequeño instante en la vida de la actriz.  Todo apunta a que la soledad fue su compañera incansable y no hubo matrimonio, ni hubiera existido hijo (a) que la ahuyentara.  Monroe viajó a lugares hermosos, emocionó a miles de hombres, fue la modelo a seguir de miles de mujeres, se rodeó de lujos materiales, impuso una moda, se inmortalizó… pero… todo a costa de su alma carcomida por un vacío interno que la persiguió hasta la tumba.

¡Qué triste!... Y pensar que esta mujer no pedía más que ser amada, con sinceridad y compromiso, y no por ser Marilyn Monroe (la diva)… ¿Se podría?... Aunque creo que la parte más difícil la llevaba quien quisiera asumir el reto de demostrarle la realidad de sus sentimientos, porque ella nunca le creería a quienes intentaran acercarse de forma honesta y real (si es que hubo alguien así en el curso de su vida).

Katmarce--

jueves, 1 de marzo de 2012

AVENTURAS DE UNA CACERÍA DE TESOROS


Este es un ejemplo de una foto que me intriga...
Yo no sé cuántos de ustedes habrán tenido la oportunidad de visitar las ventas de antigüedades pero les puedo garantizar que es una experiencia sumamente interesante…

Desde hace unas semanas fui arrastrada por un amante de objetos inusuales hacia estos lugares de recuerdos casi borrados, de instantes oxidados y de logros casi enterrados. Su afición ha sido tan contagiante que me ha hecho sentir como si fuéramos los anfitriones de la serie de televisión “Cazadores de Tesoros”, que se transmite en History Channel.

Las visitas han dado sus frutos y juntos hemos descubierto joyitas invaluables, desde cuadros decorativos, documentos históricos, botellas de viejas bebidas (que aún contienen sus líquidos originales), piezas herrumbradas de anticuados artefactos de “avanzada”, colchones rotos, partes de servicios sanitarios, cartas no entregadas (o tal vez recibidas y ahora "desechadas") y fotografías de momentos de gran valor para los protagonistas.

La cantidad de sorpresas no me cabría en una sola entrada para enumerarlas, pero lo que sí es cierto es que ha sido emocionante surfear entre tanto tiliche viejo y verse atrapado por objetos de un valor considerable.

¿Qué les parece pasearse entre una colección de cartas que ofrecen una reconstrucción detallada de un momento de la vida de un fulano “X” y, de paso, permite dilucidar rasgos no muy evidentes de su personalidad?...

… ¿Y qué me dicen de las fotografías?...  Para mí eso es lo más intrigante… ¿Cómo llegaron a una tienda de antigüedades? ¿Quién consintió entregar parte de su vida para que se exhibiera a los cuatro vientos? ¿Qué secretos y preocupaciones encierran esas caras sonrientes en blanco y negro desteñido?...

Yo me divierto mientras me zambullo en este mar de pensamientos al recorrer cada una de las piezas que van apareciendo como pepitas de oro en las paredes de una mina.  Al final de la travesía, lo único que pido es que cuando yo ya no esté en este mundo, mis fotos más personales se mantengan alejadas de los estantes de las tiendas de antigüedades para que no estén disponibles a los ojos de cualquier curioso del futuro (como los míos y los de mi cómplice en estas búsquedas algo clandestinas).

Katmarce—

miércoles, 15 de febrero de 2012

ENTRE EL AQUÍ Y EL ALLÁ


Imagen tomada de www.conplumaypapel.com
La consciencia deambulaba entre el aquí, el ahora, el allá y el pasado.  No era su intención, solamente bailaba entre las olas de un sueño profundo atraído por un accidente con daños irreversibles. Algunas veces escuchaba a quienes en vida fueron personas cercanas y otras veces percibía la preocupación de los doctores por su estado de salud.

No había diferencia entre los días y las noches, los minutos y las horas, las semanas o los meses.  Era un estado permanente de ir y venir, sin control del tiempo, ni el espacio.  Una dimensión donde los sentimientos dolorosos no existen, ni mucho menos las penas terrenales que tanto acosan a los humanos en vida.

La incertidumbre era una compañera constante; sin embargo, existía una única certeza latente: el pasaje adquirido era de una sola vía y esto era tan inequívoco como el trazo seguro de una máquina de costura guiada por la mano de una especialista en estos menesteres.

En algunos momentos de esta inconsciencia a medias, la cama bajo su espalda se sentía algo suave pero incómoda, pues ya había adquirido la forma de sus huesos, perdiendo el confort característico de las noches de sueño plácido en la que fuera su casa.

A ratos llegaba el olor de flores marchitas mezcladas con medicamentos, otras veces, el fresco de la ventana abierta venía acompañado de recuerdos de tierra mojada, pastos verdes y árboles tambaleantes.

Un día (¿o noche?) sucedió que el cuerpo adquirió un peso inusual. La respiración era forzada y mucho más pausada de lo normal.  Quizo decir "adiós, los veo en un rato", pero las palabras se ahogaron en unos labios endurecidos por el tiempo. Su transporte hacia un mundo incierto había llegado. La oscuridad envolvió su espíritu, mientras el camino que debía seguir se iba iluminando paulativamente... Ella lo miró tranquila y simplemente se dejó llevar por su trayectoria...

Katmarce--

miércoles, 1 de febrero de 2012

HASTA EL CONCEPTO DE "FAMILIA" EVOLUCIONA


“No hay familias sin niños y niñas”… Estas fueron las declaraciones de nuestra Presidenta de la República, Laura Chinchilla, que desataron la polémica días atrás y me cargaron las pilas para escribir una reflexión al respecto.

No hay que ser una antropóloga o socióloga para, a simple vista, deducir que nuestra sociedad ha evolucionado.  Hoy día las parejas controlan más la formación de su prole por diversos motivos: existen una gran variedad  de métodos anticonceptivos, el costo de la vida va en aumento, la inseguridad se apodera de las calles y las casas, vivimos en un planeta que sufre las consecuencias de un mal uso de los recursos… En fin, estos son algunos de los motivos por los que muchos ponen sus deseos primitivos en una balanza y lo piensan dos veces para aumentar el número de miembros en sus hogares.

Creo que muchos profesionales de mi generación se toman un espacio para conversar con sus parejas al respecto y decidir en conjunto. Durante este proceso, algunos resuelven posponer la perpetuación del apellido para épocas mejores (si es que llegan) y, en su lugar, prefieren cultivar un núcleo formado por solo dos integrantes.

… Yo no veo cuál es el problema de esta nueva concepción de "familia"... También hay que considerar que hay quienes tienen impedimentos para tener hijos (ya sean por problemas biológicos, genéticos o por su elección de convivir con una pareja homosexual)…

Como lo dije antes, nuestra sociedad está en un escalón muy diferente desde que el concepto de familia se concibió. Por ello, es necesario adaptarnos a este cambio y, sobre todo, respetar las diversas formas de ver la vida y de asumir el destino de cada quien, sin imponer viejos esquemas que se están transformando hacia una filosofía de mayor consciencia del entorno donde se vive.

Katmarce—