martes, 20 de diciembre de 2011

UN SALUDO NAVIDEÑO

¿Quién iba a decirlo?... Hace un año yo todavía estaba pensando en abrir o no un blog... Fue gracias a varios amigos que me apoyaron que tomé la decisión de lanzarme en este proyecto tan productivo y bonito.

Sí, es necesario decir que en adelante es probable que hayan pausas más espaciadas en mis entradas. Pero el submarino seguirá haciendo sus viajes, pues esta es la excusa perfecta para ejercitarme y expresar ideas que de otro modo solamente se quedarían en mi mente.

En esta entrada improvisada, aprovecho para desearles a todos mis amigos blogueros una Feliz Navidad..

Los invito para que aprovechemos esta época para compartir con la familia y amigos, hacer un recuento de lo hecho durante el año y analizar las oportunidades para ser mejores en el próximo que se avecina.

Y como la idea es compartir, lo hago a través de esta entrada en la que incluyo una foto que tomé recientemente y, que en lo particular, me inspira bastante, pues es una fiel muestra de la hermosa temporada en la que estamos, con atardeceres divinos que me hacen sentir pequeña y afortunada.

Próximamente estaré con entrada nueva (al menos ya la tengo en bosquejo). Nuevamente, muchas gracias por estar acá.

Un abrazo fuerte,

Katmarce--


martes, 29 de noviembre de 2011

SE REQUIERE ENFOQUE EN LO REALMENTE IMPORTANTE


Falta solidaridad, organización y un frente común para defendernos del Plan Fiscal
En este momento mis sentimientos pasean entre las calles de la indignación y la preocupación. Todo lo que está sucediendo en nuestro país es reflejo de una insatisfacción general ante la incompetencia de los gobernantes, malas administraciones, leyes débiles y falta de liderazgo.

Cada día nos despertamos ante una nueva protesta: los taxistas aplican tortuguismo en las calles, los gasolineros dejan de abastecer las estaciones de servicio durante un día, los motociclistas marchan contra el aumento en los marchamos, los anestesiólogos y los médicos luchan irresponsablemente por sus privilegios, anteponiendo sus intereses particulares por sobre la salud de todos los costarricenses… ¡Qué mal!

En lo personal, me siento en medio de un caos. Siento como si un torbellino estuviera naciendo con el impulso necesario para convertirse en huracán, pero lo peor de todo es que no tiene un rumbo definido y nos va a dejar destechados a todos.

No quisiera pensar que existe mano negra detrás de estos movimientos desarticulados solo para crear una nube de humo ante algo todavía peor que es la aprobación de un Plan Fiscal inconsistente e injusto. Más bien deseo pensar que al final, todos nos uniremos en un frente común que obligue a la clase política a trabajar como se debe, en busca del bienestar común.

Mucho se ha dicho del Plan Fiscal y tampoco soy una entendida en la materia, pero entre lo que he leído y conversado con los que más saben del tema queda evidente que nos van a sonar. No solo se trata de una imposición de un 1% de más en lo que se conoce hasta ahora como el Impuesto de Ventas, sino que también se amplía su aplicación a otros servicios y productos que hoy están exentos.

¿Quién no tiene un préstamo en estos días?, ya sea a través de una tarjeta de crédito o porque ha comprado algún electrodoméstico a pagos en algún local comercial, son pocas personas las que están libre de pecado. Es así como todos estos mortales (incluyéndome), el otro año tendremos que agregarle a nuestra cuota mensual un 14% de más sobre el monto que pagamos de intereses, en caso de que el proyecto sea aprobado.

¿Y qué me dicen de los servicios de electricidad y agua?... El Gobierno dice que no nos preocupemos porque no se gravarán… ¡ERROR!... Resulta ser que quienes consumen más de 250 Kw/h en electricidad o 40 metros cúbicos de agua por mes deberán pagar el 14% del IVA.

La famosa canasta básica que agrupa productos “esenciales” para vivir dignamente y que están libres del pago de impuestos, se pretende recortar en 600 productos aproximadamente, lo que quiere decir que estos 600 productos, que hoy están libres del Impuesto de Ventas, nos costarán un 14% más caros para el otro año. Y esos son solo algunos ejemplos.

No conformándose con el impacto directo, las nuevas cargas también perjudicarán a profesionales independientes y pequeñas y medianas empresas que posiblemente se verán en aprietos económicos para seguir manteniendo a muchas familias que dependen de su existencia.

De esta forma, no solo se trata de afectar a grandes compañías extranjeras o a las instaladas en las Zonas Francas (que también están luchando por mantener sus inversiones en el país), sino que se trata de poner en riesgo la estabilidad de todo el país y la estabilidad individual de cada uno de nosotros al trasladar estas cargas a los ticos en general.

El dinero perderá su valor actual. Todos nos veremos estrujados. Por eso, es necesario hacer consciencia y unirnos como pueblo solidario para que exijamos un mejor control en la recaudación de impuestos y una revisión detallada de esas injustas cargas impositivas, ya que éstas solo se convertirán en remedios paliativos para solventar momentáneamente el verdadero problema.

Katmarce—

domingo, 13 de noviembre de 2011

ANCLADA EN UNA RAMA SECA


Foto tomada del eltiempohabitado.wordpress.com
Es solo una cinta gruesa de tela amarrada a una rama seca de un árbol.  Un retazo descolorido que alguien dejó ahí, algo carcomido por el tiempo y la intemperie.  En esta época del año, el viento es fresco y un poco más fuerte de lo normal, por lo que el trozo alargado de algodón y poliéster ondula en un saludo eterno al compás de la corriente de aire.

Es noviembre… Y la brisa particularmente es deliciosa al contacto. El viento sacude todo lo que se le enfrenta, de forma delicada pero rígida. Su aliento es frío pero a la vez encierra una calidez natural propia de los recuerdos y de noches antiguas colmadas de charlas animadas. Esa mano transparente que alienta a la cinta ondeante se introduce sigilosa en mi pelo y me acaricia de una forma única, como lo haría un enamorado en un primer encuentro por mucho tiempo anhelado. Yo simplemente cierro los ojos y sonrío.

Es de noche. Una noche espectacular que combina perfectamente con la corriente de aire y con la cinta solitaria que lucha por desatarse del ancla impuesta por unas manos incautas y desconocedoras de este desesperante final.

La negrura de la noche es tan profunda como el vacío que aún distancia al tiempo, el espacio y el conocimiento; sin embargo, una luna vibrante se impone al igual que aquellos reyes que lideraban grandes batallas desde tronos de oro con lanzas listas para salir a combate.  El círculo perfecto de luz blanca matiza los grises y amarillos tétricos entremezclados con las escamosas nubes, a veces acomodadas en forma de escalerilla y otras veces como pinceladas en movimiento rápido hechas por un novato pintor entusiasmado.

Sin ningún aviso, una ráfaga más fuerte reclama su espacio y la cinta nuevamente pide a gritos su liberación. Algunas esquinas ceden pero no lo suficiente. Faltarán muchas noches como esta, muchas brisas tormentosas que le permitan al fin encontrar la paz y la libertad necesaria para llegar a nuevas ramas y horizontes de celajes nocturnos, silenciosos y algo embarrados por la nostalgia de suspiros olvidados.

Todos cargamos cintas como esta en el corazón, junto con muchas noches de luna llena y brisa fresca que revolotean entre la piel y el alma. Telas alargadas que solamente se convierten en un pequeño adorno desnutrido de un lienzo muerto, una pieza fuera de contexto que añade un signo de interrogación al conjunto.

Katmarce—

domingo, 30 de octubre de 2011

UN BESO FURTIVO

Foto tomada de enriquecaballos.blogspot.com

La respiración era entrecortada. La excitación era evidente. En cada latido del corazón se ocultaba el deseo largamente almacenado en la jaula de la tentación y que ahora se escabullía en bocanadas de aire que se esparcían por un par de labios fundidos en un cálido e intenso beso.

La humedad llenaba cada espacio imaginable entre esos labios carnosos, sonrojados y trémulos que eran guiados por el impulso de un anhelo compartido de forma cómplice y silenciosa.

Un beso eterno, intensamente deseado, con sabor a chocolate amargo y a jengibre. Un beso con paso lento al inicio y un caminar en constante aceleración, conforme el frenesí se desparramaba a través de los cuerpos estremecidos que se escondían en un pasillo oscuro, al final de un callejón. Era un rincón desbordado por la ansiedad, donde apenas se escuchaba a lo lejos el murmullo de una fiesta concurrida en otro mundo que reprocharía lo que ocurría aquí de forma clandestina.

La noche era fría y contrastaba con unas pequeñas muestras de lluvia que se deslizaban entre esos cuerpos que apenas dejaban espacio para la imaginación. Él la lanzó contra la pared y ella quedó desarmada. Su mente la impulsaba a detener el momento, pero su cuerpo quería más.

Con el mismo ímpetu que los animales salvajes defienden a sus crías, la pareja dejó libre sus instintos por medio de sus bocas y se sumieron en el hechizo de la pasión. Buscaban saciar esas fantasías de medianoche tantas veces repasadas en sus mentes, al mismo tiempo que esperaban ahuyentar el tormento que esta prolongada espera les había ocasionado.

Fueron solo unos minutos, no más que eso… Hubo caricias, hubo fuego, hubo humedad, hubo sangre…  No hizo falta desvestirse; eso salía sobrando.

La estocada final llegó tan apetitosa como la entrada de este banquete. El femenino cuello candente, como si acumulara lava a punto de brotar en erupción, se presentaba limpio y bien formado. Era un lienzo plano, vibrante y suave al tacto, justo como se requería para clavar los dientes finos y sedientos de sangre viva.

El galán seductor no esperó más, su lengua probó el dulce sabor de la piel de la mujer que se erizó con el delicado contacto. Un fuerte apretón al cuerpo de la víctima paralizada y un último beso arrebatador en su cuello fueron los elementos que anunciaron el clímax de esta ópera interpretada por una soprano imaginaria que lanzó su nota más alta en el momento en que el vampiro le regaló la eternidad a su presa, a través de un último desliz de pasión prohibida.

Katmarce—

sábado, 22 de octubre de 2011

LOS OSCUROS INSTINTOS HUMANOS


Muamar Gadafi ensangrentado pide clemencia ante sus atacantes encapuchados que lo agreden a golpes a pesar de la sangre que brota desde su cabeza.  Eso es lo que muestran las imágenes de los últimos minutos de vida del que fuera dictador de Libia por más de 40 años, mismas que han recorrido gran parte de los televisores del planeta.

Gracias a este documento visual, hoy se desata la controversia sobre si en realidad el dictador murió a causa de un intercambio de disparos o fue ejecutado a sangre fría. Esto le tocará decidirlo a los organismos internacionales que ya están realizando investigaciones para dar con un veredicto; por lo pronto, el señor ya está muerto y en su tumba, junto con sus restos mortales, también se consumen todas las atrocidades cometidas a un pueblo oprimido por la pobreza.

Precisamente al ver las imágenes que hoy son causa de esta polémica, pienso: “He aquí la grabación de la máxima expresión de los bajos instintos humanos”.

Hay quienes dicen: “él le hizo mucho daño a mucha gente”. Cierto, eso nadie lo niega. Pero, ¿es loable caer a su mismo nivel de barbarie para sentir que se hace “justicia”?... No lo sé… Los árabes definitivamente poseen una cultura muy diferente a la nuestra. Incluso mi forma de pensar es muchas veces tan ambivalente que eso me lleva a caer en contradicciones.

A pesar de ello, me parece que lo ocurrido nos ayuda a poner las barbas en remojo con un poco de reflexión sobre esos instintos primitivos que llevamos por dentro: el deseo de venganza, la ira, el odio, la incapacidad de perdonar y de ser compasivos con los demás.

No soy quien para juzgar las actuaciones de otras personas (por ahí decían: “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”), yo no tengo las agallas para lanzar esa piedra, pero al menos este hecho histórico, del cual hoy somos testigos, me lleva a recapacitar sobre cuán capaz es el ser humano para dejarse llevar por el “lado oscuro” de sus pasiones y cuánto camino nos falta por recorrer para convertirnos en una especie avanzada en términos espirituales (no religiosos).

Katmarce—

lunes, 17 de octubre de 2011

LA OTRA CARA DE UN ADIÓS (iv)

Las lágrimas no cesaban a pesar de que había jurado no llorar.  Cuando él la llamó y le dijo: “tenemos que hablar”, su corazón inició un proceso acelerado de deshidratación y el frío de invierno se apoderó de sus extremidades.

La banca metálica antiguo lugar de cálidos besos, ahora se convertía en la carta perfecta que complementaba el juego de palabras de un adiós apresurado e irremediable. “Es hora de partir”, dijo él. Mientras tanto, la mujer trataba de encadenar las palabras, pero estas se liberaron de las ataduras que las contenían en su lecho de silencio: “aún te quiero”, se oyó decir distraída con una voz trémula e intimidada por la respuesta recibida a continuación: “yo te quise en algún momento, pero ya no”...

Eso fue devastador. No hay mañana. No hay dudas. La sentencia fue firme y demoledora. Ahora no solo sus extremidades estaban frías, sino sus entrañas empezaban a congelarse con la ráfaga helada proveniente de una mirada indiferente que había perdido su color y forma.

Es hora de irme”, dijo el joven un poco inquieto por la situación. Era evidente que él deseaba estar en cualquier parte, menos en esa banca árida del concurrido parque. La mujer no pudo contenerse más y dejó salir sus primeras lágrimas que ya eran demasiadas como para mantenerlas en el anonimato.

Su alma le pedía a gritos un último contacto y mecánicamente tomó aquellas manos fuertes que hoy se sentían como cenizas apagadas, recuerdo de un fuego intenso de muchas noches cálidas: “¿nos volveremos a ver?”... Él respondió con un “tal vez” a secas. Ella sabía que era una respuesta diplomática porque el tono delataba la vaga intención que traspasaba todo su ser.

Con un beso glacial en la mejilla, el muchacho al fin se levantó de la banca y partió sin mirar atrás. En ese instante, la mujer sintió cómo se convertía en una isla de hielo flotante a la deriva, sin asidero en las profundidades y dejándose llevar por corrientes más templadas que llegaban de múltiples lugares. A continuación, un fuerte estallido en su pecho le produjo un hondo suspiro acompañado por la furia de un río incontenible de dolor que encontró su naciente en los ojos marrones que ahora se teñían de soledad.

Katmarce—

PD: Esta entrada corresponde a la otra perspectiva de un relato anterior:

sábado, 8 de octubre de 2011

DESDE MI ÓPTICA

Gracias a todos mis amigos (as) blogueros (as) que me han preguntado el motivo de mi reciente silencio. No hay mucho misterio en eso, simplemente  se trata de una mezcla de varios factores: mucho trabajo, un pequeño bloqueo mental y, por otro lado, me he dado a la tarea de ocupar mi tiempo en otros pasatiempos que también me producen mucha satisfacción.

De ahí nace esta entrada, en la que les comparto algunas fotografías que he logrado capturar en esta constante experimentación mía para mejorar la técnica y buscar buenas composiciones, mientras espero algún día tener un equipo profesional para lograr mejores resultados

Espero disfruten las composiciones e imágenes que encierran tanto significado y sentimiento como mis textos.

Pronto regresaré con más letras.

Katmarce--

Entre pinceles y libros




Estrella hecha flor



Nísperos en su tinta




Un blanco de muerte




Colores en contraste

sábado, 24 de septiembre de 2011

LA REVOLUCIÓN ESTÁ LATENTE MÁS ALLÁ DE LOS SIMIOS


Lo admito, he estado evitando escribir una entrada sobre este tema para no sonar repetitiva, pero bueno, al final me decidí y les comparto la reflexión que me provocó la película “El Origen del Planeta de los Simios”.

Mucho más allá de afirmar que estamos ante una historia muy bien amarrada, una película que vale la pena ir a ver al cine y de la cual uno sale con una gran satisfacción de haber ejercitado un poco la maquinaria pensante; la película toca un tema ético sobre nuestro deber como humanos de respetar a todos los seres que habitan en esta bola azul.

Mucho se ha dicho, y he leído, de si los perros tienen o no sentimientos, de si es correcto utilizar animales para realizar experimentos médicos, si fue conveniente enviar un mono que al espacio, qué pasaría con el burro si le “cocinan” un gemelo probeta casi idéntico o que si los cuervos tienen derecho a hacer sus necesidades donde mejor les plazca a pesar de que sus residuos dañen la arquitectura de algunos edificios.

En esta película se retoman estos dilemas planteados desde una óptica de un primate.  ¿Hasta dónde es ético imponer nuestro bienestar sobre el de los otros seres vivos a pesar de tengan una capacidad intelectual menor?

Nuestra legislación aún le falta compromiso para integrar leyes que aboguen por el respeto de la vida animal y es por eso que los defensores de este tema se mantienen en una lucha constante por hacer valer su voz por las criaturas de otras razas. En estos días vemos actitudes inhumanas como: la agresión totalmente injustificada hacia los perros maltratados, animales salvajes encerrados en jaulas y llevados a un hábitat desconocido para ellos o métodos de pesca y caza descontrolados que atentan con la aniquilación de algunas especies… ¡Todo esto es inhumano!

Claro que lloré durante la película. Claro que me identifiqué con César, ese simio que desarrolló sus facultades y pudo expresarse más allá de lo imaginable. Por supuesto que salí pensando en los miles de “César” que sentirán dolor y tristeza y no saben cómo decir “BASTA”.

… Era de esperarse que esta película me moviera más allá de la historia de un clásico de ciencia ficción.

Katmarce--

miércoles, 7 de septiembre de 2011

ELLA, LA TARDE Y EL CAMINO


Ella simplemente miraba hacia el horizonte.  Tenía un perfil fino, algo delicado y poco convencional para quienes vivían en esa zona rústica.  Su largo pelo castaño lo mantenía amarrado de forma apática, de la misma forma que el pianista experimentado desliza sus dedos entre las teclas de acordes harto conocidos.

Era una tarde asfixiante, de un sol que penetraba hasta la más pequeña madriguera de hormiga.  La brisa era escasa y aunque se asomaba con timidez, no era suficiente para alejar el vapor caliente y tenso que acompañaba la respiración y se infiltraba entre el vestido de tela ligera.

La mujer estaba sentada en una banca de pino teñido, en el patio de su casa. Una casa en las afueras del centro de la ciudad.  Una edificación sencilla de grandes ventanas, con paredes de madera un poco corroídas por el tiempo y las decepciones.

Esa tarde la había destinado con el único propósito egoísta de sentarse a disfrutar un espacio para ella; serenar su mente, dejar que los pensamientos se escabulleran a lugares más placenteros y quedarse en solitario en ese corredor que todos los días limpiaba con gran afán para alguien que nunca llegó.

Para la ocasión se preparó una limonada suave, con poco azúcar y mucho hielo.  En su mano derecha sentía el frío refrescante de los cuadros helados que chapuceaban dentro del vaso de vidrio transparente, el cual mantenía apoyado en su ante pierna.

Sus ojos hechizados no se apartaban de ese camino polvoriento, lejano, que iniciaba justo en medio del jardín de su casa como una alfombra seca de antiguos actores y modelos de pasamanería.

Era una calle de lastre, de doble vía, por donde se había colado la alegría y por donde también se había evaporado su ilusión.  En su mirada ya no había dolor, ni tristeza; sino nostalgia, como la que abunda en el recuerdo de un ser querido que ha agotado todos sus suspiros terrenales.

El calor caía pesadamente sobre su cuerpo, mientras que el sudor resbalaba por su piel un poco atropellada por los años. Una que otra respiración nacía desde lo más profundo de su ser y salía llevándose un poco de su alma dolida entre tanto recuerdo que la acompañaba durante este estado de contemplación y sofoco.

El tiempo pasaba y a ella no le importaba.  ¡Qué diablos le iba a importar si el tiempo hace mucho la había abandonado a su suerte en aquella casa olvidada por la lluvia, en un pueblo donde los sueños se marchitan y la pasión se diseca para quedar colgada en algún rincón oscuro y solitario de una pared descascarada por la inercia!

Katmarce—

viernes, 26 de agosto de 2011

UN ADIÓS QUE SE CLAVA EN EL PECHO (iii)

El extraño sonido apareció en su aposento en medio de la noche.  Yo salté de la cama, debido a mi eterno estado de alerta.  Ahí estaba él, angustiado, desplomado en el piso, contorsionándose extrañamente, con la vista perdida, sus pies y manos batallaban descontroladamente contra algún atacante imaginario, mientras un gemido salía de su boca de forma intermitente en medio del pedaleo de sus extremidades como si quisiera emitir algún mensaje lejano del más allá. Pasados unos minutos, mi querido amigo empezó a tranquilizarse. La convulsión iba dando paso, poco a poco, al dominio de la consciencia.

Estos constantes y angustiosos episodios eran una tortura para mí.  El eterno estado de alerta pasó a ser una alarma crónica -y a veces infundada, debo admitirlo-, siempre vigilante de cualquier indicio que me anunciara la visita de la tenebrosa convulsión.

Un día de tantos, mi gran amigo tuvo que partir. Su vida iba a tomar nuevos rumbos y no necesariamente por decisión propia.  Las situaciones lo forzaron a abandonarme, dejándome su rincón vacío y un gran espacio imposible de llenar. No fue un adiós fácil –¿cuál adiós es fácil?. En ese momento un puño despiadado desmoronó mi corazón ante el último beso y abrazo, pues yo sabía que nunca más volvería a sentir su calor en mi pecho.

El recuerdo de su compañía y de su amor sincero fueron las únicas herencias agradables que quedaron, junto con varias fotografías de tiempos felices. Mi amigo padecía de epilepsia y algunos meses después de su partida, me llegaron a contar que en uno de esos episodios él abandonó su cuerpo para recorrer un campo más verde y libre, donde hay una costa infinita de cielos teñidos por la eternidad.

Hoy y siempre mi corazón lo extraña hasta donde las palabras no lo pueden describir, como el gran amigo que fue, el que me regaló quintales de alegría de forma generosa y el que siempre estaba pendiente de mi llegada, expectante con sus brillantes ojos como dos botones negros y su hermosa cola peluda tambaleándose de un lado a otro, hablándonos con frases que solo nosotros conocíamos a través de nuestra mirada cómplice de amor y admiración recíprocas.

-Dedicado a Teo-


Katmarce—

miércoles, 17 de agosto de 2011

UN ADIÓS A MEDIAS (ii)


Foto tomada de palabrasquesegastanconeltiempo.blogspot.com
“¡Esto fue suficiente!”, pensó Ana luego de recibir públicamente unos fuertes improperios adobados con el tono más violento que le conocía a su pareja. En ese microsegundo, ella sintió que la situación había atropellado a su alma y que los testigos de la escena habían notado su cara pálida que lentamente se ruborizaba.

Ya había soportado humillaciones, gritos, insultos, y hasta algunos manotazos, incluso delante de sus propias hijas, pero nunca antes se había percatado que estaba sucumbiendo ante la agresión.

Ese hombre al que ella quiso de forma abierta y desmedida, ya no era el mismo. Y ella lo sabía perfectamente. Hace tiempo que aquellos brazos que una vez la hicieron sentir querida y le ofrecieron la protección que no había encontrado en el pasado, se habían convertido en dos cuchillos filosos y punzantes, llenos de sorpresas ingratas.

Hoy, al fin vio su rostro ante el espejo del desprecio, notó su cuerpo pisoteado por el que un día le dijo que la amaba y que ahora la utilizaba como la ficha mágica que le proporcionaba los poderes que lo convertían en el “super-macho”.

Fue cuestión de segundos para que esa escena bochornosa la embriagara con la hiel de su condición de agredida.  Con su cabeza gacha, sin articular palabra alguna, Ana supo que este era el principio del fin, mientras el dolor empezaba a acalambrar sus músculos.

Definitivamente, esto se está saliendo de control. Pero, ¿qué voy a hacer?”, meditaba mientras sentía que sus pensamientos bailaban como un trompo descontrolado y sus pies adquirían el peso extra de una o dos toneladas, tal y como si un pantano espeso de lodo y algas los estuviera devorando lenta e irreversiblemente.

Tenía muy claro su deber de  decir “adiós”… Pero, ¿cómo pronunciar esta palabra cuando no se tiene nada en la vida más que dos bocas que alimentar y una gran valija llena de carencia de amor propio y ninguna esperanza en el futuro?...

… Efectivamente, Ana dijo “adiós”, pero en pocos días, nuevamente se le vio de la mano de la sombra que la inutilizaba y que la convertía en una simple marioneta al servicio de un cobarde machista.

Katmarce--

miércoles, 10 de agosto de 2011

UN ADIÓS (i)


Foto tomada de: loquecreoloquesoy.blogspot.com
Estos pantalones ya estaban empezando a sentirse pequeños ante esta relación que se incrustaba en mi cuerpo con una carga  pesada y excesiva…

Le dije: “es hora de partir”.  Ella respondió: “aún te quiero”. Yo le contesté: “te quise en algún momento, pero ya no”; preferí ser honesto, aunque sabía que mis palabras sonaban frías y despiadadas como la trivial charla del carcelero ante el preso que está a punto de morir.

Es hora de irme”, repetí.  Ella cogió mis manos, mientras algunas lágrimas aparecían en su rostro y finalmente lanzó la pregunta que yo temía: “¿nos volveremos a ver?”...  Le dije: “tal vez”… Esta vez mentí descaradamente para reducir un poco el sabor amargo que empezaba a quemar mi garganta, porque era obvio que yo no quería provocar un futuro encuentro.

La abracé por última vez, le di un beso en su mejilla húmeda y finalmente partí.  Sentí un pequeño tirón en el corazón, de esos que sacuden fuerte al inicio pero luego aflojan y permanecen constantes con una incómoda calma aparente.  Solo faltaron algunos pasos firmes para percatarme que el dolor intenso se había quedado sentado al lado de la mujer que alguna vez me hizo sonreír, abarcándola con sus robustos brazos alargados mientras ella buscaba consuelo en el silencio y el frío de la banca metálica del parque.

Mi respiración profunda y acongojada y el deseo de voltear la mirada hacia atrás se escondieron entre mi caminar acelerado. Afortunadamente, en ese momento, un taxi se acercó por la calle, levanté el brazo para detenerlo y, en ese preciso instante, estuve seguro que la ruta era estable, al sentir la libertad apoderarse de mi espacio con nuevos destinos y tiquetes gratuitos para mi nuevo viaje.

Katmarce--

martes, 2 de agosto de 2011

INSTANTES DE SILENCIO


Foto extraída de hargentina.blogspot.com
El camino es largo, pero me siento confiada en que pronto llegaré... A lo lejos distingo el resplandor de  una ciudad viva y escucho su latir lejano y agitado como un zumbido de  enjambre de langostas voladoras que se abalanza en busca del siguiente campo donde saciar su apetito voraz.

De pronto, miro hacia el cielo y me encuentro con la inmensidad de la vida. Me detengo a observar con detalle las lucecitas asustadas, escondidas entre los pliegues del manto oscuro que me cubre.  La mítica luna llena aparece en medio de la enagua del firmamento y pone en evidencia las sombras de lo incierto, que se apresuran a refugiarse entre los árboles que emergen a mi lado.

El susurro del viento acaricia delicadamente mi pelo, adormece las plantas a su paso y se desliza, plácidamente, como un ladrón arrepentido que desaparece por el claroscuro del sendero.  En el acto, algunas hojas se desprenden de su lecho de siempre para comenzar el viaje hacia lo desconocido, junto con el profanador ligero que se adelanta en el recorrido.

La paz y la quietud son mis nuevas compañeras.  Me sumerjo en el misterio de la noche y escucho los quejidos del silencio; esas voces inconfundibles que me hablan con sus frases calladas y se abren espacio entre el tumulto de mi respiración que se expande a mi alrededor y el eco de mi pensamiento que se disfraza en la penumbra.

Súbitamente, me doy cuenta de que la brisa adquiere una fuerza que huele a mojado y ese mismo viento que me distrajo por unos instantes es el que me trae devuelta a la realidad.

Reconozco que me falta trecho por andar; así que apresuro mi marcha...

Katmarce--

lunes, 25 de julio de 2011

EL PEQUEÑO MIRÓN AVENTURERO


La urgencia era apremiante. Los instintos sexuales de aquel niño de 10 años ya estaban despertando y eso fue evidente desde el día en que la vio pasearse semi-desnuda en su patio, mientras él jugaba en el balcón de la casa de al lado.

Ella era mucho mayor que él.  Esa mujer madura que le provocaba inquietud a su cuerpo poseía curvas bien formadas, un pelo largo negro azabache y un caminar agraciado que hacía destacar la sensualidad necesaria para que el niño se convirtiera en un adicto al ejercicio de rastrear sus pasos.

Cada tarde, luego de que regresaba de la escuela, el recién iniciado en las aventuras masculinas buscaba el balcón en busca de la musa que lo hacía estremecerse de una forma que aún no comprendía del todo.  Probablemente, la mujer se percató de su acosador infantil, pero no le importó, pues nunca varió su rutina de salir en ropa interior al patio de su casa.

Los días pasaban y, como un farmacodependiente obsesionado, cada vez requería dosis más fuertes para calmar sus primitivas necesidades. Fue así como un día, encontró un escondite ideal que le permitiría espiar de cerca a la mujer mientras ella tomaba un baño.

Algunas horas de práctica previa fueron suficientes para perpetrar la fechoría.  Finalmente, llegó el momento.  La presa se dirigió al baño.  El niño ya estaba en su posición.  La ducha se abrió y el agua empezó a recorrer el cuerpo femenino desnudo, mientras la pupila del anterior ingenuo mocoso se dilataba a través del pequeño espacio desde donde realizaba el trabajo de observación.

Aquello fue una explosión de hormonas.  El centinela sintió un fuerte espasmo en sus genitales y la adrenalina invadió su cuerpo de adolescente precoz, mientras que sus manos sujetaban el filo de la abertura por donde se encontraba la guarida secreta.

Pasaron algunos minutos para que la mujer, en un reflejo rutinario, volteara los ojos hacia el lugar donde los finos dedos sobresalían.  Ella supo que tenía compañía, pero no dio señales de alarma.  Sin embargo, el pequeño sabía que había sido descubierto y era hora de retirarse.

Lentamente, jaló sus dedos hacia la oscuridad de su escondite y se deslizó despacio en busca del anonimato aparente de su balcón para digerir todo lo que había sucedido y encontrar explicación a las emociones que le dejaron su iniciación en el nuevo mundo donde tuvo que abandonar una década de pantalones cortos.

Katmarce—

domingo, 17 de julio de 2011

ENTRE GATOS Y OTROS DEMONIOS


Imagen tomada de extremeoencatalua.blogspot.com
Me despierto sobresaltada.  Son casi las 2 de la mañana, al menos eso es lo que dicen las luces brillantes del reloj que está a un lado de mi cama.  La oscuridad aún es espesa y el silencio abrumador, a pesar de que acaba de brincar por el techo un gato en su faena de cazador incansable.  Una calma inquietante envuelve el cuarto, la casa, la noche…

Los pensamientos conquistan mi atención. Cierro los ojos y hago un esfuerzo por invocar al sueño plácido que recién me acompañaba en mi cama.  Pero es inútil, el sueño se fugó con el pequeño alborotador nocturno y me dejó sola en mi habitación.

No importa, mantengo mis ojos cerrados y trato de enfocar las imágenes mentales en un lugar familiarmente apacible. Recuerdo el mar, un río y, de pronto, aparece una computadora y la tarea inconclusa que me espera en el escritorio. “¡Diablos!”...

Me doy vuelta, tratando de buscar una posición más cómoda. Hace frío fuera del tibio cobertor que envuelve mi cuerpo. Eso me complace, pues siento un calor sabroso que me arropa.  Sonrío un poco, aún con los ojos cerrados, y me acurruco, con mi cuerpo de medio lado, buscando una posición medio fetal, con mi cabeza sobre la fría almohada.

Nuevamente me concentro para evocar algún pasaje que me reconforte. Pienso en el frío de la noche y en la fortuna que tengo de dormir bajo un techo, una cama suave, sábanas limpias…

-- “¿Cuántas personas en este momento estarán durmiendo en la calle, probablemente con frío, con desesperanza, con temor?... ¿El perrito del barrio tendrá frío también? ¿Habrá comido?... ¿Mi familia estará bien?...

¡Mierda!... Otra vez”…  Ya me estoy impacientando.  Mi mente no me ayuda.  Mejor será distraerme un poco.

Busco a tientas el control remoto del televisor y lo enciendo.  Doy un paseo por los canales, buscando algún programa aburrido que me ayude a conciliar el sueño, pero tengo la suerte de tropezar con una serie cómica, una de mis favoritas, por cierto…

--“¡Vaya!  Ese episodio no lo había visto antes”…  Subo el volumen y me concentro...

Ya son las 3 a.m:  “¡No puede ser!  Solo faltan tres horas más para estar al pie del cañón. Si acaso solo he podido dormir un par de horas.  Bueno, mejor voy a apagar el televisor, creo que no me está ayudando mucho”…

Recuerdo que uno de los libros que todavía está pendiente en mi mesa de noche siempre me produce sueño cada vez que intento retomarlo… “¡Claro! ¿Cómo no se me había ocurrido antes?”...

Enciendo la luz y empiezo a leer.  Increíblemente la trama sufre un giro inesperado.  Aunque tuve que devolverme unas páginas para retomar el hilo de la historia, logro encontrar el punto donde la nueva información se convierte en atrevida y cautivante. “¿Cómo es posible que este libro me provocara sueño antes?”…

Vuelvo a ver el reloj.  Las 4.30 a.m:  “¡Rayos!… ¡Tampoco está funcionando!”...

Me levanto y voy al baño. Necesito dormir un poco más.  Busco en el botiquín algún remedio secreto que ayude.  Encuentro unas pastillas que siempre han funcionado en estos casos y tomo un par –“¡para ir a la segura!”-.

Regreso a la cama.  Apago la luz y busco el otro lado de la almohada.  La acomodo dándole unos golpecitos con mis manos, con el afán de darle extra-suavidad y frescura. Aún hace frío, por lo que subo el cobertor hasta mi cuello. Nuevamente, busco la infalible posición fetal, pero del lado contrario al de hace un par de horas atrás.  Cierro los ojos...  En un rápido jalón nasal lleno mis pulmores de aire y los vacío lentamente.  Vuelvo a inhalar y a exhalaaar… Repito…

… Y el insolente gato regresa al techo de mi casa con su demente persecución, tan escandalosa y despreocupada como de costumbre…  Pero esta vez no importa. El sueño finalmente se cansó de callejear detrás del felino y regresa a mis brazos como un amante traicionero y sigiloso…

Katmarce—

domingo, 10 de julio de 2011

FACUNDO SOLO ES UNO DE TANTOS…

Así es como me gusta recordarlo, con su guitarra
La muerte de Facundo Cabral sin lugar a dudas es aplastante.  Se trata de un hombre cuyo mensaje siempre estuvo plagado de reflexiones de paz y amor. Era un existencialista que siempre encontró el aplauso de un público que supo entenderlo.

No voy a decir que era su fan #1, pero era un gusto escuchar su verbo elocuente, siempre lo admiré por eso. Su muerte me recuerda la de John Lennon, por cierto.

La muerte de Facundo es solamente una muestra de los momentos límite en los que estamos viviendo. Hoy se trata de un pacificista, poeta, artista, trovador, un hombre que lejos de utilizar las armas, utilizaba una prosa sencilla. Facundo trascenderá la muerte, sin lugar a dudas, al igual que la violencia lamentablemente también parece transcender todo tipo de barreras.

Lo vemos en nuestro mismo patio trasero.  Esta misma semana, tres mujeres (aunque no tan populares como Facundo) fueron cruelmente asesinadas de un balazo en la cabeza.  Semanas atrás un muchacho recibe un tiro certero, por el único crimen de pitarle a un imprudente en la carretera… ¡Por Dios!... ¿Para dónde vamos?...

No quiero sonar pesimista, pero la situación parece empeorar día con día. Lo que resta es hacer lo propio. Aprender a vivir con tolerancia, respeto por los demás, amor y transmitir la receta a las nuevas generaciones.  También queda la lucha social para que la justicia sea pronta y se apliquen las leyes necesarias para castigar a los cobardes antisociales que se esconden en la impunidad y en el anonimato, pero esto es mucho más complejo que lo primero.

Y cierro con una de las famosas frases de Facundo, muy apropiada para estos momentos de desconsuelo:  Borra el pasado para no repetirlo, para no tratarte como te trataron ellos; pero no los culpes, porque nadie puede enseñar lo que no sabe, perdónalos y te liberarás de esas cadenas.”

… ¡Qué complejo!... ¿Se podrá perdonar?

Katmarce—

martes, 5 de julio de 2011

¡NO MÁS MINORÍAS ULTRAJADAS!


Primero fueron los cristianos, luego las mujeres, siguieron las personas de color, en algún momento fueron los judíos, ahora son los indígenas y más recientemente los homosexuales… Todos hemos sido llamados “minorías” en algún momento de la historia y, por ello, nos hemos visto forzados a liberar intensas luchas sociales para abrirnos campo entre las “mayorías”, de modo que se nos permita ejercer nuestros derechos libremente, como todo ser humano.

Una nueva situación se presentó esta semana con una pareja de chicos homosexuales, quienes vivieron una situación bochornosa con algún grandulón que los amenazó con echarlos de un establecimiento comercial donde estaban, solo por el simple hecho de darse la mano.  Me alegra mucho saber que la Sala IV obligó a dicho local a tomar medidas para que esto no vuelva a ocurrir, incluso, la empresa ahora se expone a una demanda por el pago de daños y perjuicios.

Sin embargo, me MOLESTAN (con mayúscula) los comentarios intolerantes e infundados de los que dicen ser la “mayoría” y por favor no me incluyan en ese grupo, porque a pesar de que soy heterosexual, soy respetuosa de quienes tienen una preferencia sexual diferente.

Sé que este es un tema de nunca acabar, pero hoy quiero alzar mi voz desde mi Submarino en contra de las manifestaciones ofensivas de personas mojigatas, que disfrazan su ignorancia y posible temor oculto a salir de su propio “closet”, a través de posiciones extremas y discriminatorias.

Algunos catalogan las muestras de cariño entre homosexuales como escenas obscenas… ¡Por favor!… El darse la mano, el abrazarse, incluso, el darse un beso en un lugar público dejó de ser considerado repulsivo hace mucho tiempo.

Obscenas son las escenas de algunas parejas heterosexuales que, sin ningún reparo, tienen encuentros “calientes” en un campo de juegos infantiles a plena luz del día (y estoy hablando de una situación en específico que me fue contada por un testigo indignado que vio a un par de sin vergüenzas ir más allá del beso apasionado).

Yo espero que el tiempo se encargue de apaciguar esas voces necias que pretenden atropellar los derechos de los demás.  Soy consciente de que en mis años de vida es probable que no se logre superar del todo este tema, al menos en Tiquicia, pero estaré muy satisfecha al observar que pequeñas ráfagas marinas impulsan el velero hacia la igualdad de las personas.

Katmarce—

lunes, 27 de junio de 2011

ENTREVISTA DE LENNON ADEREZADA CON MATICES PREMONITORIOS


Toda nuestra vida se basa en una ilusión aceptada socialmente. Lo difícil es verte a ti mismo”… Esto se lo dijo John Lennon a Jonathan Cott, colaborador de entonces de la revista Rolling Stone, 30 años atrás durante la famosa última entrevista que le hicieran a este artista antes de que encontrara la muerte en manos de Mark Chapman.

La transcripción de dicha conversación fue publicada en el pasado mes de diciembre, en la Rolling Stone, con motivo de los 30 años de la muerte de Lennon.  En lo personal, me sorprende que esta charla amena, sincera y reveladora haya sido olvidada por Cott y si no es gracias al trabajo de limpieza que estaba realizando en su closet, las cintas hubieran permanecido ahí por mucho tiempo más.

El extenso artículo es sumamente rico en detalles honestos y algunos pasajes nuevos para mí.  En él se describe a un Lennon simple y complicado a la vez, auto-descrito como un hombre egoísta que muchas veces sentía miedo, aunque afirmaba ya no tener tanto miedo de sentir  miedo.

Precisamente la frase con la que inicio esta entrada, sale a relucir después de que el ex – Beatle admitiera que desde pequeño él trababa de ocultarse a través de la apariencia de un tipo “rudo”, al estilo James Dean, solo para camuflar su misma inseguridad. Fue gracias a Yoko Ono que logró aceptarse y dejó de aparentar.

Yoko Ono, esta extravagante mujer, odiada y admirada a la vez, también hace un aporte hermosísimo a esta entrega conmemorativa de la revista. En su nota escrita el 18 de octubre del año pasado, Ono es explícita en sus sentimientos.  Ella amaba profundamente a su compañero de batallas, tanto así que se enfrentó a la posibilidad de la separación para permitirle a John volver a ser el artista que sus fans reclamaban.  Pero no solo por eso, el desprecio que muchos profesaban por esta unión, la llegó a perturbar y deprimir; sin embargo, Lennon fue su más grande apoyo; fue defendida y valorada por él hasta el último día de su vida.

En la entrevista, John vislumbraba un futuro lleno de proyectos por cumplir.  Se habló de la posibilidad de salir de gira con Yoko e, incluso, ¿porqué no?, tener un programa de televisión juntos... “Pero aún hay tiempo”, decía. Luego la conversación se encamina a un pasaje curioso de su vida, cuando un astrólogo inglés predijo que él iba a vivir fuera de Inglaterra y la nota finaliza con un párrafo que llama la atención y el cual me permito transcribir de forma textual:

Sé muy bien que cada quien fabrica su realidad y que gozamos de libre albedrío, pero quizá hay algo de predestinación en todo esto. ¿Existe siempre una bifurcación en el camino, y acaso los dos senderos que se te presentan tienen que ver por igual con el destino? Puede haber cientos de senderos, podemos tomar uno u otro –existe una elección- pero en ocasiones todo es tan raro”, comentó John en aquel momento.

Me parece que Jonathan quiso dejar entrever en su artículo alguna broma cruel del destino, un halo de fatalidad que envolvía los últimos días del ex – Beatle, un aderezo que condimenta este valioso y nostálgico material, sobre un artista de 40 años que apenas empezaba a retomar su carrera musical desde una perspectiva más personal y madura… ¡Lástima que no hubo tiempo para ver su desarrollo!

Katmarce—

lunes, 20 de junio de 2011

LAS CHICAS TAMBIÉN PUEDEN SER “RUDAS”


Lisa Kelley demostró que ser una camionera también es asunto de mujeres. Esta chica “ruda” de 30 años de edad, creció en Alaska y, actualmente, además de ser una de las pocas “camionera de hielo”, es la única protagonista femenina de la serie de The History Channel “Rutas Mortales: Himalaya”.

Tengo que ser honesta, desde hace bastante tiempo sabía de la serie “Camioneros del Hielo” y nunca me había llamado la atención siquiera ver uno de los episodios. Sin embargo, un fin de semana de estos me dejé capturar por la maratón de este remozado espacio y me hice fan al instante.

En cada capítulo de “Rutas Mortales” se ponen a prueba las habilidades de tres experimentados camioneros norteamericanos (Lisa, Rick y Dave) al tratar de conquistar rutas extremas ubicadas en la cordillera del Himalaya y algunas carreteras de la India.

Estos trayectos son conocidos por ser los más mortíferos del planeta, según lo indica la página de internet de The History Channel, ya que los lugareños tienen una forma poco usual de manejar, donde las señales de tránsito son un mito legendario y la ley del más fuerte (el más atrevido o loco) es la que prevalece (¡y yo que me quejaba por los choferes ticos!).

A esto me refiero...
Esto se suma al pésimo estado de estos caminos (que dista mucho de nuestra popular “platina”), caracterizados por guindos mortales, calles estrechísimas construidas artesanalmente a través de montañas rocosas, la existencia de un alto riesgo de derrumbes y la posibilidad del cambio repentino en las condiciones climáticas.

Sin embargo, el triunfo de la serie no solo radica en su relato ameno y tenso durante los peligrosos viajes que deben realizar los camioneros para lograr con éxito sus encomiendas; sino que, además, se comparten interesantes pinceladas informativas de las tradiciones milenarias y el diario quehacer de los habitantes de la India.

Y bueno, en lo personal, me complace mucho ver que una mujer tiene las agallas necesarias para enfrentarse a un mundo tradicionalmente conquistado por hombres, en una región del planeta donde más de uno debe sentirse tontamente ofendido al ver a Lisa dominando un rudimentario camión de carga de cinco marchas.

“Rutas Mortales: Himalaya”. The History Channel. Domingos, 9 p.m.

Katmarce—

viernes, 10 de junio de 2011

TRIBUTO A THE BEATLES REVIVE PASIONES


¿El calor me estaba cocinando o era producto de la emoción?... Creo que fue una mezcla de ambas cosas, pues desde que una semana antes logré comprar mi boleto –y el de mi hermana- para disfrutar del tributo a The Beatles, a cargo de la Orquesta Filarmónica, pasaba contando los días, imaginándome sentada en esa butaca del Teatro Nacional digiriendo lentamente las sorpresivas interpretaciones anunciadas para esa noche del 9 de junio.

Con un amplio repertorio que abarcó un poco más de dos horas y 26 canciones, la velada fue deliciosa en general.  Como era de esperarse, al ser la primera noche de la serie de conciertos, los músicos lucían nerviosos y hubo ciertas fallas, menores, pero sensibles.  Sin embargo, eso no fue motivo para que el producto final quedara opacado.

Kurt Dyer tuvo a cargo la cantada de la mayor parte de las piezas. Al principio, su desempeño escénico era algo rígido, producto del lógico nerviosismo, pero conforme pasaban sus primeras apariciones, se fue soltando y dejó aflorar el entusiasmo a través de su voz algo carrasposa y sexy, según se lo permitía la melodía.

Dignas de mencionarse fueron sus interpretaciones de “I am the walrus” y “Golden slumbers”, temas que sonaron magistrales a lo ancho del recinto, con arreglos muy acertados que hicieron sobresalir toda la maquinaria musical que se apostaba en el escenario.

Otro punto a favor fue el desfile de talentos variados que se dieron cita.  Una María Pretiz terminó de llenar cada centímetro del teatro con su poderosa voz en “Here, there and everywhere”; mientras que la experimentada cantante lírica, María Marta López, me hizo redescubrir el sentimiento y el dramatismo ocultos en “The long and winding road”, un momento bellísimo, finamente aderezado con el impecable acompañamiento orquestal (¡lástima que se le asignó una sola canción dentro del repertorio!)

Eduardo Quesada, cantante del grupo nacional D’Tour, fue otro que se robó el show con su pasión escénica y sus animadas intervenciones en “Day tripper” y “Can’t buy me love”, por mencionar algunas. También es necesario destacar la atinada interpretación de Karla Gutiérrez y su grupo Beagirls, de la canción “Oh Darling!” (¡bien por las chicas!, me encantó la participación femenina en este espectáculo, ¡certeras escogencias!)

Finalmente –y no menos relevante-, Fabricio Walker me deslumbró con el alcance de su tono de voz en “Something”.  Por su parte, Daniel Cobb, Andrea Fonseca, Daniel Patiño y sus compañeros de grupo, también hicieron aportes interesantes que enriquecieron este tributo.

En fin, fue una noche "beatleriana" espléndida y memorable. Al término de la 26ava canción, “Let it be”, se produjo la ovación bien merecida de parte del público y, poco faltó para lanzar el típico “otra-otra-otra”, porque la pasión colectiva que sentíamos por The Beatles, esa noche, era tan evidente, como el calor que nos apretujaba en nuestro querido Teatro Nacional.

Como lo dijo el Sargento Pimienta: "A splendid time is guaranteed for all..."

Katmarce--