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Falta solidaridad, organización y un frente común para defendernos del Plan Fiscal |
En este momento mis
sentimientos pasean entre las calles de la indignación y la preocupación. Todo
lo que está sucediendo en nuestro país es reflejo de una insatisfacción general
ante la incompetencia de los gobernantes, malas administraciones, leyes débiles
y falta de liderazgo.
Cada día
nos despertamos ante una nueva protesta: los taxistas aplican tortuguismo en
las calles, los gasolineros dejan de abastecer las estaciones de servicio durante
un día, los motociclistas marchan contra el aumento en los marchamos, los
anestesiólogos y los médicos luchan irresponsablemente por sus privilegios,
anteponiendo sus intereses particulares por sobre la salud de todos los
costarricenses… ¡Qué mal!
En lo
personal, me siento en medio de un caos. Siento como si un torbellino estuviera
naciendo con el impulso necesario para convertirse en huracán, pero lo peor de
todo es que no tiene un rumbo definido y nos va a dejar destechados a todos.
No quisiera
pensar que existe mano negra detrás de estos movimientos desarticulados solo para
crear una nube de humo ante algo todavía peor que es la aprobación de un Plan
Fiscal inconsistente e injusto. Más bien deseo pensar que al final, todos nos
uniremos en un frente común que obligue a la clase política a trabajar como se debe, en busca del bienestar común.
Mucho se ha
dicho del Plan Fiscal y tampoco soy una entendida en la materia, pero entre lo
que he leído y conversado con los que más saben del tema queda evidente que nos
van a sonar. No solo se trata de una imposición de un 1% de más en lo que se
conoce hasta ahora como el Impuesto de Ventas, sino que también se amplía su aplicación a
otros servicios y productos que hoy están exentos.
¿Quién no
tiene un préstamo en estos días?, ya sea a través de una tarjeta de crédito o porque
ha comprado algún electrodoméstico a pagos en algún local comercial, son pocas
personas las que están libre de pecado. Es así como todos estos mortales
(incluyéndome), el otro año tendremos que agregarle a nuestra cuota mensual un
14% de más sobre el monto que pagamos de intereses, en caso de que el proyecto sea
aprobado.
¿Y qué me dicen de los servicios de
electricidad y agua?... El Gobierno dice que no nos preocupemos porque no se
gravarán… ¡ERROR!... Resulta ser que quienes consumen más de 250 Kw/h en electricidad
o 40 metros cúbicos de agua por mes deberán pagar el 14% del IVA.
La famosa canasta básica que agrupa productos “esenciales”
para vivir dignamente y que están libres del pago de impuestos, se pretende recortar en 600 productos aproximadamente, lo que quiere decir que estos 600 productos, que hoy están libres del Impuesto de Ventas, nos costarán un 14% más caros para el otro año. Y esos son solo algunos ejemplos.
No
conformándose con el impacto directo, las nuevas cargas también perjudicarán a profesionales
independientes y pequeñas y medianas empresas que posiblemente se verán en aprietos económicos para seguir manteniendo a muchas familias que dependen de su existencia.
De esta
forma, no solo se trata de afectar a grandes compañías extranjeras o a las instaladas en las
Zonas Francas (que también están luchando por mantener sus inversiones en el
país), sino que se trata de poner en riesgo la estabilidad de todo el país y la
estabilidad individual de cada uno de nosotros al trasladar estas cargas a los ticos en general.
El dinero perderá su valor actual. Todos nos veremos
estrujados. Por eso, es necesario hacer consciencia y unirnos como pueblo solidario para
que exijamos un mejor control en la recaudación de impuestos y una revisión detallada de esas injustas cargas
impositivas, ya que éstas solo se convertirán en remedios paliativos para solventar momentáneamente el
verdadero problema.
Katmarce—